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Malas Tierras es un garito donde solemos ir. Hay buen ambiente y el dueño se lo curra: siempre pincha lo que le pedimos. Por lo visto, además el tipo conoce a un montón de gente interesante; gente que hace cosas, no como nosotros, que sólo vamos allí a perder el tiempo y echar unas risas, o a ver si cae algo. Antes había conciertos en el Malas Tierras casi cada fin de semana. Ahora es un sitio un poco más tranquilo, debe de ser que el dueño se hace mayor y el local ha cambiado con él. Nosotros seguimos pasando por el bar, pero la gente que va ya no es la misma. A algunos sólo los ves una o dos veces, y otros acaban pareciendo tan familiares como el póster de los Pixies que hay detrás de la barra, aunque nunca hayas hablado con ellos ni sepas su nombre. Y un día al azar caes en la cuenta de que ya han dejado de ir por allí, de que su vida sigue fuera del Malas Tierras y que venir al bar tampoco era tan importante. Una excusa como cualquier otra para dejarse ver.